Mañana participarán en las manifestaciones contra la reforma laboral en España personas que, durante los últimos años, no han considerado tan importantes otras movilizaciones ciudadanas contra la pobreza (campaña de Pobreza Cero), contra la especulación financiera, contra los recortes  en cooperación internacional y a favor de los Objetivos del Milenio y de una vivienda digna. Incluso personas que miraban de forma condescendiente a quienes participamos en el 15-M, que abarcaba muchos de los temas relacionados con derechos a los que el gobierno español mete la tijera para calmar a los “mercados”.
Sin dejar de apoyar los derechos laborales que defienden las movilizaciones de mañana, conviene hacer una reflexión sobre la conveniencia de defender los derechos fundamentales y las conquistas sociales antes de ser rebatadas.
Con este gobierno en el poder, costará el doble defender una educación pública, gratuita y de calidad para todos; sucede lo mismo con la sanidad pública española, como lo demuestra el caso de los hospitales catalanes, y con las pensiones y los derechos de los dependientes, que también conforman lo que se conoce como “Estado de bienestar”. La patronal de los empresarios ha mostrado los dientes desde hace años con su pretensión de abaratar el despido y dar poder absoluto a los empresarios en su relación con los trabajadores. Lo veíamos venir, pero manifestarse contra la especulación financiera y la economía de casino era cosa de hippies, ¿no? En años de burbuja inmobiliaria no parecía haber motivo para las protestas. Si acaso la vergonzosa participación española en una guerra como la de Irak.
El partido en el poder tiene ahora la coartada de la “herencia recibida” y de las presiones de los “mercados” para recortar derechos fundamentales y conquistas sociales. Apoyemos los derechos de los trabajadores y, sobre todo, aprendamos la lección en las palabras de Martin Niemoeller, mal atribuidas a Bertolt Brecht: “Primero vinieron a buscar a los comunistas, y yo no hablé porque no era comunista. Después vinieron por los socialistas y los sindicalistas, y yo no hablé porque no era lo uno ni lo otro. Después vinieron por los judíos, y yo no hablé porque no era judío. Después vinieron por mí, y para ese momento ya no quedaba nadie para protestar”.

Carlos Miguélez Monroy
Periodista

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