Víctor Muñoz Martiáñez se convertía en el primer español que se incorporaba a la primera división de Estados Unidos, la Major League Soccer (MLS), desde la universidad al ser elegido en enero por el DC United en segunda ronda del draft, proceso por el cual se incorporan jóvenes talentos a distintos equipos profesionales.


Víctor Muñoz (2)

El madrileño de 24 años dio ese salto este año después de estudiar una carrera universitaria en Estados Unidos mientras jugaba para el equipo de fútbol de su universidad, la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA).

Los Bruins, el equipo de fútbol de la universidad y uno de los mejores en todo el país,  cubrieron los gastos del joven futbolista español durante sus cuatro años de fútbol y estudios. No todos los integrantes de equipos deportivos obtienen semejantes becas. Algunos obtienen el 75%, el 50%, el 25%, o incluso nada. Sólo la matrícula o “colegiatura” en esta universidad, una de las más de 100 en California, cuesta unos 13.000 dólares al año (10.000 euros), más otros 20.000 dólares de vivienda, comidas, libros y materiales, transporte y gastos personales. Pocos pueden pagar semejante cantidad sin un préstamo bancario como el que ha endeudado a una generación de jóvenes para poder acceder a una educación universitaria y que les ha quitado parte de su sueldo durante sus primeros años de trabajo. Todos los años, estudiantes latinoamericanos, asiáticos, africanos y europeos, hombres y mujeres, intentan conseguir una beca para compaginar sus estudios universitarios en universidades de Estados Unidos con la práctica de su deporte en un entorno competitivo.

Como Muñoz, centenares de ex jugadores de los Bruins y de otros equipos universitarios han alcanzado la MLS. Con 70, UCLA tiene el mayor número de jugadores aportados al fútbol profesional desde que la MLS arrancara en 1993. Pocos jugadores, la mayoría de ellos nacionales, acceden por esta vía. En 2014, los distintos equipos de la MLS llamaron a 77 para hacer la pretemporada con el primer equipo. De ellos, 74 provenían de universidades nacionales y tres de países extranjeros: Jamaica, Trinidad & Tobago y Ecuador. El DC United, colista en la temporada pasada, eligió a Muñoz aunque, antes de comenzar la liga en marzo, negociara con el Sporting de Kansas City para su traslado al nuevo equipo.

Nace un sueño

De las fuerzas inferiores del Real Madrid, Muñoz pasó al Celta de Vigo, donde jugó en 2ª División B. También ha sido seleccionado nacional para la sub-15, la sub-16 y la sub-17. Un preparador físico que conoció en su etapa en el Real Madrid le comentó de las oportunidades de jugar y estudiar en Estados Unidos. Lo puso en contacto con Athletes Global Management (AGM), una empresa fundada en Miami con sede en Zaragoza.  Como otras empresas que han proliferado estos años, AGM promueve a deportistas extranjeros que buscan becas en equipos deportivos de distintas universidades y se encarga de los trámites que disuaden a quienes se abruman con el papeleo y la burocracia: Visa de estudiante, registro en la NCAA, correos de ida y  vuelta a entrenadores y las oficinas de admisión de las universidades. Le compensaban los 3.000 euros que cuesta el proceso de registro, búsqueda y fidelización, una cantidad nimia en comparación con los 100.000 euros que habría costado su experiencia en Estados Unidos si hubiera tenido que pagarse los gastos académicos, de suministros y de vivienda.

Al tener solucionada la parte burocrática, el madrileño se centró en aprobar el TOEFL que piden las universidades para acreditar un nivel mínimo de inglés y el SAT I, que mide aptitudes lingüísticas y matemáticas. Cuenta Muñoz que el inglés del bachillerato le bastó para superar ambas pruebas y que el verdadero aprendizaje del inglés comenzó en la universidad. La inmersión en el idioma y en la cultura comienza desde el primer día con el bombardeo visual y auditivo en inglés. La estrategia de equipo, las bromas que se gastan unos a otros y los chistes forman parte de esta inmersión, completada con las horas de clase, los trabajos, los exámenes, los libros y hasta los sueños, considerados la línea que separa al que domina un idioma del que lo chapurrea. Entonces uno se suelta con el lenguaje coloquial en entornos más distendidos.

Para los futbolistas universitarios, estos entornos se dan con más frecuencia en el semestre que va de enero a mayo, cuando los equipos de fútbol bajan el ritmo y la intensidad de los entrenamientos y sólo juegan algunos partidos amistosos. Entonces hay más tiempo para ir a la playa, al cine o salir con los amigos. Formar parte de un equipo garantiza encuentros con gente de distintas procedencias en distintos eventos que se organizan en torno al deporte y por la popularidad que tienen en los entornos universitarios.

Entre agosto, cuando comienza el curso académico, y diciembre, cuando concluye el campeonato nacional, los jóvenes futbolistas tienen poco tiempo para hacer vida social. Con dos partidos por semana, uno en casa y otro fuera y entrenamientos casi todos los días, sólo queda tiempo para viajar y estudiar lo suficiente para aprobar las asignaturas. El resto es fútbol y más fútbol hasta que el equipo gana el campeonato nacional o cae eliminado.

Una opción atractiva para futbolistas que quieren continuar con sus estudios

Estados Unidos ha dado grandes pasos en lo futbolístico, como lo demostró el equipo de Indiana University en abril de 2010 al vencer por 2-0 a la sub-20 de México, o la victoria de la selección mayor sobre Ghana en su debut mundialista, tras haber sido los primeros de CONCACAF en clasificarse a Brasil 2014.

Muñoz atribuye el creciente éxito deportivo de Estados Unidos a las instalaciones, a la preparación de los entrenadores, al apoyo institucional y material en la universidad, y a la flexibilidad en los programas académicos para compaginar estudios con deporte.

De su experiencia deportiva, destaca el trato que él y sus compañeros reciben en la universidad y de las facilidades que tienen para cumplir con sus compromisos académicos.

Aunque Muñoz no hubiera conseguido alcanzar el draft, nada le podría quitar su experiencia en Los Ángeles, que le abrió puertas que no se abren con tanta facilidad a estudiantes extranjeros que llegan por otras vías. Además, cuenta con un título universitario y un nivel de inglés que no tenía cuando aterrizó en Nueva York, donde jugó por primera vez y estudió su primer año de carrera, en Iona College, una pequeña universidad. La presencia de varios españoles facilitaron un proceso de adaptación que muchos extranjeros imaginan difícil en la que consideran una sociedad hostil, fría y cerrada a los “de fuera”.

Según la experiencia de varios extranjeros, los estadounidenses con frecuencia invitan a sus compañeros extranjeros a comer con sus familias a comer o a pasar fines de semana largos en sus casas, lejos de la universidad. Además de contribuir al intercambio entre distintas culturas y al enriquecimiento mutuo, estas experiencias desmontan tópicos y clichés sobre los estadounidenses que se asemejan a los de las películas y la cultura popular que tanto irritan a los extranjeros: el mexicano bigotudo con el tequila y el sombrero, montado en un burro, el torero español o el italiano sucio.

Una persona puede tardar varios años en asimilar las experiencias académicas, deportivas y sociales que vivió en cuatro años, pero le quedan las fotos y las crónicas en los medios locales que narraban los partidos para confirmar que no se trata de ningún sueño, como cuando uno se pincha en un brazo para ver si está despierto. Quedan los amigos y los contactos en distintas partes del mundo conectados por las nuevas tecnologías en una red que se extiende y que consolida un mundo cada vez más intercultural.

Carlos Miguélez Monroy
Periodista

Nota.- Corrección en el reportaje el 22 de junio. En el original decía que Víctor Muñoz era el primer español en la MLS, cuando en realidad es el primer español en acceder desde una universidad estadounidense.

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