El frío está entre los temas más comentados en Internet estos días porque los habitantes de Madrid no estamos acostumbrados a temperaturas de -5º C. Al volver a casa después de entrenar, con las manos ateridas y dolor en todo el cuerpo, sentí crecer dentro de mí un hueco al pensar en todas las personas que duermen en la calle. He escuchado a personas sentenciar que están en la calle porque quieren. Tengo la sospecha de que se escudan en estas posturas para no sentir culpa por tener familia, amigos y redes de apoyo social, además de una cama caliente, ropa y comida.

De la página http://www.quieroentenderelmundo.com/tag/personas-sin-hogar/

La alcaldesa de Madrid, Ana Botella, anuncia un recuento de personas sin hogar en Madrid como otros que se han hecho en años anteriores. Dice que para “tomar conciencia del problema”.

Diario Público

Pero la disminución de plazas para albergues del ayuntamiento en un contexto de crecientes recortes de los servicios públicos y la falta de recursos adecuados para atajar el problema desde sus causas provoca desconfianza entre algunas organizaciones de la sociedad civil. Algunas de estas organizaciones aprovecharán esta oportunidad para abrir un debate sobre una cuestión que a todo nos concierne como seres humanos.  
Según el último recuento, cerca de 700 personas duermen en la calle en Madrid, sin tener en cuenta los asentamientos de inmigrantes que duermen en tiendas de campaña, las infraviviendas y casas abandonadas, o las personas que ocupan casas vacías. Más de 6.000 personas, segúnla ONG Cáritas.
Cada noche, miles de ciudadanos en todo el mundo salen al encuentro de estas personas por medio de programas de voluntariado social o por iniciativa propia. En España, voluntarios de la ONG Solidarios para el Desarrollo salen a la calle, con un café y algo de comer como excusa, para hablar de persona a persona con personas convertidas en mobiliario urbano por la indiferencia social y la falta de liderazgo político. Se plantea el contacto humano como instrumento para potenciar las capacidades de estas personas a partir del reconocimiento de su dignidad y la recuperación de su autoestima. Pero sólo una presión coordinada de la sociedad civil a las instituciones públicas permitirá abordar el problema desde sus causas, relacionadas con la creación de empleo y con el sistema de viviendas.
Desde hace varios años, una organización estadounidense ha profundizado en el problema del las personas sin techo. La National Alliance to End Homelessness (NAEH) ha abordado el problema no sólo en Chicago y Nueva York, sino en ciudades ‘menores’ como Indianápolis e incluso en el mundo rural, donde las mismas causas llevan a la gente a perder su hogar: encarecimiento de la vivienda, bajos ingresos y carencia de redes sociales y afectivas.
En años recientes,la NAEH ha publicado un plan para acabar con este problema. Aunque el estudio esté enfocado a Estados Unidos, las causas del fenómeno están en sistemas económicos que crean exclusión social y bolsas de pobreza.
Algunos alcaldes de ciudades europeas lo han llegado a considerar un problema de salud pública que dificulta la convivencia ciudadana o, en otros casos, una simple cuestión de limpieza y de estética. Pero parte de la sociedad civil considera que algo falla cuando hay cien casas vacías por cada persona en la calle.
La obtención de estadísticas sobre las personas sin hogar permitirá conocer el punto de partida y las necesidades para establecer estrategias comunes entre políticos y organizaciones de la sociedad civil, con responsabilidades bien delimitadas.
Sin sistemas de prevención perpetuaremos el problema del sinhogarismo. El papel de los Gobiernos a la hora de implementar políticas de la vivienda para aportar ayudas y fomentar alquileres asequibles es fundamental. También la prevención por medio de servicios para personas que han salido de largas estancias en los hospitales, de las cárceles e instituciones para personas con enfermedad mental.
Por medio de programas de sensibilización y de información, es posible fomentar la confianza de las personas sin hogar para que se acerquen a las viviendas creadas y a los servicios públicos. El sistema de albergues y de vivienda temporal debe estar enfocado de manera que las personas permanezcan en esa situación el menor tiempo posible para evitar que se institucionalicen. Esto se complementa con un sistema de búsqueda de viviendas para las personas que utilizan esos recursos públicos y con facilidades para acceder a servicios sanitarios y psicológicos.
Es preciso un consenso social y laboral para ofrecer viviendas asequibles y trabajos que les permita a las personas sin hogar pagar sus alquileres. De esta manera podrán salir a la calle como observadores, en lugar de mantenerse pasivos en las aceras como objetos para la beneficencia.

Carlos Miguélez Monroy
Periodista. Para la elaboración de este artículo se utilizó otro publicado en el Centro de Colaboraciones Solidarias el 15 de enero de 2010

Nota.- El autor trabaja como responsable de comunicación dela ONG Solidarios, pero la opinión expresada en este escrito no refleja necesariamente la postura de la organización.

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