Josh Haner/ The New York Times

En los grandes casos de corrupción, tan culpable es el que corrompe (o más, por su posición de poder) como el que se deja corromper.

Un alto directivo de Wal-Mart recibió un email de un antiguo ejecutivo de la multinacional en México. En el correo, afirmaba que directivos de la filial mexicana habían pagado 24 millones de dólares en concepto de sobornos a funcionarios públicos por permisos para extenderse por todo el territorio mexicano.

El investigador que la multinacional envió a México recomendó ampliar las pesquisas y tomar acciones legales contra los directivos involucrados. Pero no ocurrió, como tampoco notificaron a las autoridades de ninguno de los dos países, según The New York Times, que investiga desde hace meses los casos de sobornos y corrupción de multinacionales en barios países. Hace unas semanas, denunciaba que el Departamento de Justicia de Estados Unidos investiga a 78 multinacionales por violar el Foreign Corrupt Practices Act, una ley que castiga los sobornos de empresarios nacionales a funcionarios extranjeros para obtener tratos de favor y ventajas comerciales. Entre las empresas en el punto de mira destacan Avon, Goldman Sachs, Hewlett-Packard, Pfizer y Siemens.

El creciente poder de empresas como Wal Mart preocupa no sólo a los consumidores, sino a trabajadores y campesinos. Cinco cadenas de supermercados controlan más de la mitad de la distribución de alimentos en el mundo. Miles de campesinos de un lado, millones de consumidores por otro y, en medio, la distribución de los alimentos en manos de cada vez menos empresas configuran un modelo de embudo.

Wal Mart ocupa el puesto 19 entre las 100 economías más poderosas del planeta. Este fenómeno, conocido como Walmartización, tiene sus orígenes en Estados Unidos, cuando se construyeron superficies de una magnitud nunca antes vista, con pasillos repletos de una variedad de productos a precios por debajo del resto del mercado.

Varias cadenas desarrollaron modelos similares en América Latina y otras partes del mundo. Hace poco más de un año, Irán abrió su primera tienda del grupo francés Carrefour, noticia que sorprendió por la supuesta animosidad del régimen de los ayatolás contra el demonio consumista.

Detractores de las grandes superficies comerciales denuncian los efectos colaterales de reducir gastos a costa de los derechos laborales, de incurrir en prácticas monopolistas y de dejar fuera de lugar a los pequeños productores. Se preguntan para qué abaratar productos si la gente no podrá comprarlos a causa de la destrucción de empleos y la quiebra de comercios que ya no pueden competir.

El monopolio de la distribución moderna permite imponer reglas comerciales que asfixian a agricultores y pequeños comerciantes, obligados a autoexplotarse o hacerlo con sus trabajadores para poder competir.

El modelo Wal-Mart se ha extendido a otras cadenas de supermercados. Algunos productores europeos de fruta denuncian que supermercados como Carrefour acumulan grandes stocks de fruta para obligar a los agricultores a vender por debajo del precio real. Esta práctica desmonta la manida defensa de que la ley de la oferta y la demanda determina el precio de los productos.

Hasta hace poco tiempo, en México, gran parte de la población prefería acudir a los mercados al aire libre para comprar lo que necesitaba cuando surgiera la necesidad en lugar de recorrer grandes distancias en coche o en transporte público.

Conscientes de esas arraigadas costumbres de consumo, Wal Mart invirtió millones en adquirir pequeños comercios locales y en abrir tiendas de auto servicio más pequeñas que permiten la competencia con los comercios tradicionales. En palabras de sus propios representantes, “la recesión económica ha resultado benéfica para Wal Mart de México”; han “logrado aprovechar la crisis, capitalizando la gente que quiere reducir las compras y que vive de un día para otro”; la gente que gana el salario mínimo “depende mucho de esto nada más para vivir”.

Hace dos años, el Gobierno mexicano concedió la licencia para abrir Banco Wal Mart, que ofrece servicios bancarios a los clientes: retiro, depósito, consulta de saldos, préstamos y “facilidades” para comprar en sus tiendas. Una forma sencilla de incentivar el endeudamiento y la posterior sumisión de una enorme “masa de consumidores”.

Carlos Miguélez Monroy
Periodista

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One Response to Precios bajos… ¿a qué precio?

  1. Amanda Téllez dice:

    Pues es muy cierto todo lo que mencionas. Ojalá y no dejen pasar las investigaciones para que esto se acabe. Lo malo es que en México eso se estila mucho; lo peor, es que no es sólo en México por lo visto.
    Hace tiempo, trabajé en una empresa dedicada a la protección electrónica de artículos contra robo. Yo era el contacto de la empresa con ANTAD, asociación de tiendas de autiservicio y departamentales. Una vez, uno de los representantes de esta asociación, prácticamente me pidió que empresas donde yo trabajaba, apoyáramos a los auto servicios, evitando comprar en mercados por lo menos fruta y verdura. Yo le respondí que si bajaran más los precios, probablemente la gente compraría ahí. Sin embargo, a estas fechas, con 200 pesos compras 1kg de manzanas, 1 de mango, 1 de uvas, una sandía pequeña, 1 piña y una jícama grande partida, por decir algo. Por el mismo precio, en walmart compras menos de la mitad. Una pena. Saludos.

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