Susannah Sheffer (Massachussetts, Estados Unidos) comparte su visión acerca de la pena capital. Escribió Fighting for their lives: Inside the Experience of Capital Defense Attorneys, un libro que habla de la experiencia de abogados que defienden a condenados a muerte. Como autora del libro y directora de proyectos en la organización Murder Victims’ Families for Human Rights (MVFHR, Familias de Víctimas de Asesinatos por los Derechos Humanos), participó en el V Congreso Mundial contra la Pena de Muerte, celebrado en junio en Madrid.

Sheffer

¿Cómo se implicó en el movimiento contra la pena de muerte?
Cuando me interesé en la pena de muerte, conocí una organización de familias de víctimas de homicidio, donde trabajo ahora. Descubrí dos cosas muy impactantes. Una de ellas fue conocer la experiencia de sobrevivir a una víctima. Había trabajado mucho con delincuentes, y es muy importante también conocer y trabajar con personas afectadas de forma directa por un crimen violento. Era extremadamente impactante llegar a escuchar la historia personal de familiares de víctimas que, además, no apoyaban la pena de muerte. En Estados Unidos, hay una expectativa de que los familiares apoyarán la pena de muerte y presionar por que se aplique. Era muy fuerte escuchar a gente desafiar esa premisa.

¿Por qué los familiares de víctimas de asesinatos?
No creo que podamos acabar con la pena de muerte sin la voz de los familiares de las víctimas. Son fundamentales para este debate. De otra forma, muchas personas que no han pensado sobre la pena de muerte no tendrán forma de cuestionar la creencia de que ayudará a los familiares de las víctimas o porque, como se suele decir, “¿cómo te sentirías tú si alguien de tu familia fuera asesinado?” La segunda parte de la respuesta es que una historia de pena de muerte no comienza con la ejecución, sino con el asesinato. Muchas veces, los abolicionistas comienzan más adelante. Por eso animamos a distintos grupos, cuando hablan de casos de pena de muerte, a que nombren a la víctima para reconocer quién era esa persona.

¿Cuáles son las principales razones por las que los familiares de las víctimas llegan a oponerse a la pena de muerte?
Perder a un familiar por un asesinato es una experiencia devastadora sin comparación Personalmente y como sociedad, hay tanto que deberíamos hacer por los familiares de las víctimas. La gente habla de pena de muerte en términos de “solución”, de “la forma de hacer justicia”. Hay una palabra terrible en el inglés: closure (que significa cerrar un círculo), que se utiliza desde finales de los 90 para decir que las víctimas precisan “cerrar el círculo”. Pero cada vez más familiares de las víctimas dicen: “en primer lugar, no hay tal cosa como cerrar el círculo. En segundo lugar, la pena de muerte no cerrará nada”. Las familias de las víctimas tienen varias razones para oponerse a la pena de muerte. Algunos dicen: “no queremos otro asesinato”. O: “no puedo apoyar un sistema tan viciado”.

¿Por qué está tan arraigada la pena de muerte en la sociedad estadounidense?
No conozco la respuesta exacta. Querer vengarse de otros es una reacción humana bastante natural. Es un impulso humano tener ese sentimiento. El lenguaje en torno a la pena de muerte tiene que ver con una respuesta a “esto terrible ocurrió y tengo que hacer algo para expresar lo terrible que fue”. Creo que algunas personas ansían algún tipo de respuesta y no siempre saben qué otra cosa hacer. Dicen: “esto no debería ocurrir de nuevo, queremos expresar nuestro horror y nuestra indignación”. No hemos aprendido o desarrollado otras formas de responder.

¿Qué papel juegan organizaciones como MVFHR en la lucha contra la pena de muerte?
Decía que no creo que podamos abolirla sin las voces de los familiares de las víctimas. Nuestro papel consiste en traer esa voz al debate nacional e internacional. Muchos de nuestros miembros hablan en público y se dirigen a grupos de estudiantes, grupos religiosos, universidades y otros foros públicos; cuando hay debate legislativo sobre la materia en algún estado, los familiares de las víctimas participan; en general en lo relacionado con la educación. Hemos desarrollado materiales escritos basados en entrevistas con nuestros miembros, en sus declaraciones, su testimonio, sus experiencias. Intentamos trasladar a los legisladores que puedes oponerte a la pena de muerte y estar a favor de las víctimas al mismo tiempo. A veces los políticos temen que oponerse a la pena de muerte se interprete como estar en contra de los familiares de las víctimas. MVFHR se fundó por y la dirigen familiares de víctimas de crímenes violentos.
Entre los miembros de MVFHR también hay familiares de personas que han sido ejecutadas. Jugamos un papel que no muchas organizaciones juegan al incorporar estas voces al debate. Muchos oyentes dicen: “jamás pensé en las familias de quienes han sido ejecutados, nunca me cruzó la mente que había familias afectadas por las ejecuciones”. Estas familias ni siquiera están en el imaginario público aunque la pena de muerte los perjudica.

¿El movimiento contra la pena de muerte en el extranjero tiene posibilidades de influir en el debate dentro de Estados Unidos?
La gente tiene distintas opiniones. Algunos dicen que cada estado dentro del país es distinto y que, por tanto, es difícil que influya en él la comunidad internacional. Por otro lado, ha habido veces en las que la presión internacional ha surtido efecto. Pudimos verlo con el Tribunal Supremo, que declare inconstitucional la pena de muerte para menores de edad hace varios años. Uno de los jueces reconoció la tendencia internacional contra condenar a muerte a menores. Era indicio de que Estados Unidos tomaba nota. En general, el movimiento internacional es muy importante y además significativo para nosotros en Estados Unidos.
Para los miembros de MVFHR de distintos países, conocerse ha sido una experiencia valiosa. Hace algunos años organizamos un encuentro entre una madre de  Uzbekistán a quien le ejecutaron a un hijo y gente de Texas cuyos familiares habían sido ejecutados. Fue un intercambio muy impactante.

¿Cuál es su predicción respecto a la pena de muerte en Estados Unidos de aquí a veinte años?
Hay dos formas de responder a esto. La tendencia es un declive en la pena de muerte. Hay menos condenas a muerte, menos ejecuciones si se estudian los datos del Death Penalty Information Center, un centro que estudia estas tendencias y que fue presentado en el Congreso Mundial. En cierto sentido, hay una mayor conciencia de que no todos los familiares de víctimas apoyan la pena de muerte. En Massachusetts, en 1997, estuvimos cerca de reinstaurar la pena de muerte. Muchas personas consideran ese momento el pico de la pena de muerte en tiempos recientes, y comenzó a disminuir a partir de entonces. Cada vez que ahora presenciamos algún esfuerzo por reinstaurarla, contamos con tantos testimonies en contra que no tienen oportunidad. Existe esa tendencia. Por otro lado, un crimen terrible que asusta y agita a todo el mundo puede provocar nuevas llamadas a favor de la pena de muerte.

¿Qué le diría a ciudadanos europeos que piden un endurecimiento de las leyes para crímenes violentos?
Les diría: “entiendo su indignación, entiendo el sentimiento que hace que digas eso, que sientas eso”. Y luego diría que la pena de muerte no disminuye los asesinatos. Los estados con pena de muerte no tienen menor índice de asesinatos así que no es una manera para reducir la violencia o para disuadir a los asesinos. No funciona así. Los instaría a conocer lo que supone para todas las personas implicadas, a entender las implicaciones, diría incluso las de salud pública. Esto está perjudicando y traumatizando a un gran número de personas. Además, deberían saber que cuesta enormes cantidades de dinero y tiempo. La cuestión de lo que hacemos en respuesta a los asesinatos también es una cuestión de dinero, tiempo y otros recursos que podrían utilizarse para ayudar a familiares de las víctimas y para impedir nueva violencia.

Carlos Miguélez
Periodista
Entrevista publicada en Cuaderno de Lluvia
Twitter: @cmiguelez

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