En la “lógica” de nuestro modelo de consumo, conviene más paliar los síntomas de las enfermedades y crear dependencia física que curarlas para que los pacientes no dejen de consumir los fármacos. De lo contrario, no se sostendría gran parte de la industria farmacéutica. Se responde con las armas que un proveedor le vende a otro antes que buscar soluciones políticas para una auténtica paz. De lo contrario, perdería el grueso de su negocio el complejo militar-industrial, compuesto de fabricantes de armas, ejércitos nacionales, servicios militares paraestatales “privados”, etc.
De la misma forma, los fabricantes de objetos de consumo se verían en la ruina si vendieran productos diseñados para durar.
“Te sale más barato comprar uno nuevo”, dice mucha gente con una expresión en su cara de “no seas tacaño” o de “estás loco” cuando su interlocutor pregunta en dónde puede arreglar un aparato averiado.
El modelo de consumo actual ha convertido la lógica – cambiar la pieza inservible del aparato averiado – en un proceso que se complica por una creciente falta de técnicos capacitados para arreglar ciertos aparatos, por la falta de refacciones y por las dificultades que ponen muchos fabricantes cuando falla el producto. A la respuesta “ya no manejamos ese modelo” y “esa pieza no se fabrica”, se suma la de siempre: “le puedo enseñar nuestro catálogo para que compre uno nuevo”.
Las baterías de teléfonos celulares, de computadoras portátiles y de otros aparatos electrónicos duran cada vez menos. Muchas veces, los dependientes de las tiendas dicen: “se nos han agotado esas baterías, pero tenemos muy buenas ofertas de teléfonos nuevos”. Es más fácil dejarse seducir que llamar o buscar otra tienda donde se pueda conseguir la pila por separado.
Sucede algo similar con muchas impresoras. Su vida útil no viene determinada por el nivel de desgaste, sino por un número de impresiones que registra un chip hasta que, un día, aparece en la pantalla el siguiente mensaje: “una pieza de la impresora ha fallado, y el fabricante le recomienda llevarla al servicio técnico”. El primer obstáculo: la garantía sólo cubre uno o dos años de servicio técnico gratuito. Una vez que el usuario logra hablar con alguien (“si llama por avería, marque 1, llama por…, marque 2, si quiere que le atiendan personalmente, espere en la línea), el fabricante recurre con frecuencia a la fórmula de “ya no se fabrica esa pieza”.
Los consumidores se llenan de aparatos que se averían con creciente facilidad y se encuentran cada vez más indefensos ante una tiranía consumista, como lo muestra Fabricados para no durar, un reportaje que emitió hace tiempo Televisión Española, en contra de quienes arremeten contra “la tele”, como si todo en ella fuera de mala calidad.

[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=chJT_uxSqNk]

Las bombillas de luz duraban años, hasta que los fabricantes de varios países del mundo se pusieron de acuerdo para fabricarlas de manera que su vida se acortara, lo que incrementaría el consumo y garantizaría el negocio. Lo mismo sucedió con las medias de nylon. De otra manera, razonaron, la industria estaba condenada al estancamiento. El diseño informático funciona de manera similar: los programas y los sistemas operativos se actualizan a una velocidad que impide estar al día sin que haya salido al mercado una nueva versión. En la medida que se desarrollan programas más complejos, tienen que salir al mercado computadoras con mayor capacidad de almacenamiento.
Durante décadas, las sociedades “desarrolladas” se han convencido de que su modelo económico se rige por la oferta y la demanda. En realidad, no se trata de una simple ley que funciona por sí sola, sino de una demanda manipulada por medio de la publicidad y una oferta distorsionada por productos diseñados para morir pronto.
Después de casi un siglo de idolatría del consumismo, este modelo parece estar cada vez más cerca de tocar techo. Los gobernantes ya no pueden ocultar que el planeta no resistirá el ritmo de consumo que han alcanzado los países “desarrollados” y que países “en vías de desarrollo” y emergentes quieren alcanzar. Han llegado a reclamar un supuesto derecho a tener el mismo nivel de “desarrollo”, aunque esto conlleve a aumentar las emisiones de CO2 y a contribuir a la contaminación de tierras, bosques y mares.
La sociedad de consumo vive en la esquizofrenia de escoger entre salvar su economía por medio del consumo y salvar el planeta. Es posible cambiar de economía y de modelo de consumo, pero no de planeta.

Carlos Miguélez Monroy
Periodista
Artículo del Centro de Colaboraciones Solidarias, adaptado y editado para este blog

Share →

One Response to El consumo nos consume

  1. Muy de acuerdo contigo… pero ninguna empresa se hace responsable por los deshechos que genera. La contaminación por productos electrónicos es alarmante y no conozco a ningún fabricante que reciba una computadora obsoleta para ocupar sus partes. Dicen exactamente lo que mencionas: no hay refacciones, ya no se fabrican. Pero no es buscarle refacciones, es que se reutilicen los componentes de la misma para fabricar nuevos. No sé qué tan complicado sea, pero un chip supongo está compuesto en su mayor parte por algún tipo de metal, no? Entonces, ese metal no se puede reutilizar? Las baterías, no existe nadie que pueda destruirlas sin contaminar el ambiente. Mi idea de producto sustentable es aquél que fabrica algo que pueda reutilizar después o que le dé solución como deshecho, si ya no hay más. Pero, creo que es un sueño «guajiro», como decimos por acá.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *