Rusia se plantea la posibilidad de retirar los helicópteros que utiliza el personal de Naciones Unidas para la Operación de Mantenimiento de la Paz en Sudán del Sur ante  la falta de perspectivas de paz en la región.

United Nations photo

El Ministerio de Defensa ruso espera un empeoramiento de la situación de los desplazados y pone el peso de la responsabilidad de proteger a la población civil en el personal de Naciones Unidas.
“Las noticias sobre las dificultades para la asistencia humanitaria en una región históricamente violenta, sumada a la posible retirada de Rusia de la operación, destaca la oportunidad que supone utilizar actores alternativos en apoyo de los esfuerzos constantes para alcanzar la paz y la estabilidad”, declaran desde la International Stability Operations Association (ISOA). Este lobby de la industria militar agrupa a distintas empresas que ofrecen distintos servicios y promueve, entre legisladores y directivos de organizaciones internacionales, la contratación de estas compañías. Apelan a la profesionalidad de sus servicios, a su capacidad de respuesta, a sus infraestructuras, a su alta tecnología, al entrenamiento y la formación de su personal… que corrió a cargo de un ejército nacional sostenido por los impuestos de los ciudadanos.
La ISOA se queja de que la ONU prohibiera la presencia de empresas militares en zonas de conflicto como Sudán y considera que esto limita el apoyo militar que se le puede prestar al personal de Naciones Unidas.
“La estigmatización del sector privado limita los recursos para los refugiados que necesitan asistencia”, dicen. También opinan que la retirada rusa muestra la falta de confianza en la capacidad del gobierno sudanés de garantizar la seguridad, lo que expone aún más al personal de Naciones Unidas.
Hablar de estigmatización del sector privado equivaldría a victimizar a bancos, entidades financieras y agencias de calificación en estas épocas de turbulencia financiera. Esa supuesta estigmatización obedece a hechos reales que se conocen por la prensa: asesinatos indiscriminados de la población civil en países ocupados o en conflicto, violaciones graves de derechos humanos, fraude en la preparación de los presupuestos para solicitar la subcontratación de gobiernos y falta de protección a su propio personal en zonas de alto riesgo. Conviene no olvidar que Blackwater formaba parte de ISOA en el momento en que entraron en el ojo del huracán por la matanza dela Plaza Nisur, donde murieron 17 personas inocentes, entre las que había mujeres y niños.
Basta con estudiar con cautela el lenguaje del boletín semanal de ISOA para desentrañar su visión sobre la falta de paz. Para ellos, la creciente violencia y la incapacidad dela ONU de hacer frente a las amenazas suponen una oportunidad para la industria.

Carlos Miguélez Monroy
Periodista

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