Cada vez más mexicanos eligen otras localidades dentro de su propio país antes de mirar hacia Estados Unidos para buscar nuevas oportunidades o huir de la violencia, según Damien Cave, autor del reportaje Migrants’ New Paths Reshaping Latin America, para The New York Times. La explosión demográfica por los flujos migratorios internos genera tensiones y plantean nuevos desafíos para localidades que hasta hace poco tenían pocos miles de habitantes.
Este fenómeno se da también en países de Centroamérica como Guatemala y el Salvador, y de Sudamérica, como Perú. Hasta hace poco tiempo, cientos de miles de ciudadanos de esos países emigraban a países ricos en busca de nuevas oportunidades. En los últimos años, la población de bolivianos, peruanos y paraguayos en Argentina se ha disparado.
La transformación del fenómeno migratorio en América Latina plantea la necesidad de cuestionarse la necesidad de Estados Unidos de mantener el gasto destinado a contener la inmigración “ilegal”. Millones de dólares para patrullar la frontera con México, para entrenar a policía especializada y para la posible ampliación de del Muro fronterizo, que divide también a los políticos estadounidenses y a su electorado en una época de crisis económica.
La estabilización demográfica de México D.F. y el freno de la emigración hacia Estados Unidos coincide con el crecimiento de ciudades costeras y del interior del país. Iniciativas como la próxima construcción de una planta automotriz en Aguascalientes, así como algunas reformas agrarias que facilitan la venta de tierras ante la creciente dificultad de los pequeños productores para competir por los Tratados de Libre Comercio, pueden influir en los cambios migratorios que se dan en México y en países de Sudamérica.
A esto se suman leyes que facilitan la movilidad laboral y mejoras en la protección de los derechos humanos de los inmigrantes, lo que contribuye al aumento de la inmigración desde países vecinos.
El creciente acceso a la telefonía celular por su abaratamiento ha facilitado la búsqueda de oportunidades en países vecinos. La gente no tiene que arriesgarse a un arresto o una deportación encontrar una vida urbana que se ha extendido en América Latina. Muchas ciudades pequeñas ya ofrecen los mismos servicios y  ventajas que el vecino del Norte, pero quizá con un menor desarraigo.

Carlos Miguélez
Periodista

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